Hoja de ruta para un sistema energético limpio

¿Es posible reducir la dependencia de combustibles fósiles, descarbonizar el sistema eléctrico, aumentar la eficiencia energética y reducir las emisiones de los sectores industrial, transporte y doméstico/terciario? Según la Agencia Internacional de la Energía, sí, tal y como explica en su informe ‘Energy Technology Perspectives 2012’.

La prospectiva analizada por la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés) se extiende a tres escenarios, delimitados por un rango de  niveles de emisión de gases de efecto invernadero (GEI) que conducirían a un aumento de la temperatura global de 2, 4 o 6 °C. Y es que desarrollo económico, demanda de energía, emisiones de CO2 y precio de la energía están claramente relacionados, por lo que serán necesarias estrategias políticas a nivel global para desacoplar estas tendencias. Por otra parte, es cierto que se han conseguido ciertos avances en la mejora de la intensidad energética, pero resulta preocupante la desaceleración acaecida en los últimos años en este sentido. Desde 1980, a demanda global de energía prácticamente se ha doblado, y con las tendencias actuales, se incrementará en un 85% en 2050 si no son tomadas medidas de mejora en este sentido. El escenario más ambicioso es el 2DS, que describe un sistema energético ligado a unas emisiones GEI que limitarían el aumento de temperatura en 2 °C con un 80% de probabilidades. La ambición es tal que habría que reducir a la mitad las emisiones globales de CO2 de los sectores relacionados con la energía para el año 2050 (con respecto a 2009), y más importante aún, esta disminución habría que extenderla al resto de sectores. Cabe recordar que en el año 2009, los sectores ligados al uso y transformación de la energía fueron responsables del 68% de las emisiones GEI a nivel global.

Para llegar a cumplir estos objetivos en el 2050, será necesaria una inversión extra de 36 billones $, a sumar a los 103 billones $ que se requerirían mundialmente en un escenario donde reducir las emisiones de carbono no fuera una prioridad. Sin embargo, detrás de estas cifras astronómicas se esconden ahorros en combustible aún más impresionantes: de aquí al año 2050 se conseguirían ahorros de 100 billones $, e incluso con una tasa de descuento del 10%, el ahorro neto seguiría siendo positivo, en torno a 5 billones $, lo que reafirma que el cambio de modelo tiene sentido desde el punto de vista económico. Las ventajas de cumplir con las previsiones del escenario 2DS también abarcan una mejora en el uso de la energía, gracias a un mayor grado de implementación de energías renovables y a las políticas de ahorro y eficiencia energética, que conllevarían evitar la compra de combustibles fósiles por valor de 450 EJ (que corresponde con el 90% de la energía primaria consumida en el mundo en un año). Para el año 2050, el ahorro acumulado sería de 9.000 EJ (15 veces la demanda de energía primaria anual el mundo).

etp

El informe también analiza la situación actual del desarrollo e implementación de las tecnologías que tienen el potencial para reducir tanto el uso de la energía, como sus emisiones derivadas. La situación es preocupante, ya que sólo tecnologías más maduras como la hidráulica, biomasa, eólica terrestre y fotovoltaica están realizando suficientes progresos. En el otro extremo, la captura y almacenamiento de carbono (CCS por sus siglas en inglés), que jugaría un papel clave en la reducción de emisiones de CO2 en el escenario 2DS (se estima que el abandono de esta tecnología supondría un sobrecoste de 2 billones $), se encuentra estancada en el cumplimiento de los objetivos previstos. Otras tecnologías, como la eólica off-shore y la solar termoeléctrica (CSP por sus siglas en inglés), tendrían que incrementar su aportación a la demanda global de forma apremiante. En el sector transporte, el objetivo por parte de los gobiernos de alcanzar los 20 millones de vehículos eléctricos para el año 2020 resulta muy ambicioso, dado que duplica la capacidad actual del sector para abastecer  esta demanda.

El futuro sistema energético sería muy distinto al actual: sería un sistema mucho más diversificado y equilibrado (y complejo), donde la generación distribuida sería el eje que propiciaría un ahorro en los costes del sistema y una mejora en la eficiencia. Los mismos consumidores actuarían a su vez como generadores (a través de la fotovoltaica y de la valorización térmica de residuos), desplazando levemente el esquema radial de los grandes centros de generación. No obstante, el reto subyace en la adecuada toma de decisiones y el desarrollo de políticas que permitan obtener un sistema más flexible, gracias al papel activo del consumidor en la respuesta de la demanda y al almacenamiento de energía. En este aspecto, juegan un papel clave las smart grids, y es Europa donde proporcionarían un retorno de la inversión sorprendente: de 4 a 1 respecto a lo invertido. Por último, y no menos importante, está el rol de las medidas en eficiencia energética, cuyos beneficios se materializan en un ahorro de costes y emisiones, así como una mayor seguridad de suministro.

En este sistema aún tendrán un peso importante los combustibles fósiles. La generación eléctrica mediante carbón, que ha ido incrementándose año a año a nivel global, supone uno de los más importantes desafíos si se pretende conseguir el objetivo de reducción de emisiones del escenario 2DS: la demanda de carbón tendría que disminuir un 45% hasta 2050 (con respecto a 2009), tarea complicada si la demanda no hace más que crecer. Incrementar la eficiencia en el ciclo termodinámico de estas centrales será esencial en los próximos 10-15 años, ya que podrían permitir reducir sus emisiones de CO2 hasta los 670 kg/kWh (frente a los 960 kg/kWh actuales). Con respecto al petróleo, éste seguirá siendo importante en el sector transporte e industria, si bien se prevé una caída del 50% a nivel global en 2050. Finalmente, las centrales de gas se sumarán, según la IEA, a la energía de base del sistema eléctrico y atenderán las horas pico de demanda.

Estrategias políticas firmes y convincentes son absolutamente necesarias para desarrollar este nuevo sistema bajo en carbono. A nivel general, cuatro medidas clave que los gobiernos han de tener en consideración serían: 1) generar políticas que se con base sobre la seguridad jurídica y  sobre la predictibilidad, generando así confianza en los inversores.  2) Preparar el terreno para las energías limpias: llevar a cabo una monitorización transparente de los costes de las energías limpias, reestructurar el mercado de emisiones de CO2, y dejar atrás ineficientes subsidios a los combustibles fósiles. 3) Desbloquear el potencial de la eficiencia energética. 4) Acelerar y apoyar la investigación, desarrollo e innovación de nuevos planes y proyectos relacionados con la energía.

En cualquier caso, el esfuerzo a realizar para mantener el aumento de la temperatura dentro de los 2 °C representa un desafío enorme. Y algo que la IEA advierte con gran énfasis es que cada vez queda menos tiempo para conseguirlo.

 Fuentes

IEA – Energy Technology Perspectives 2012 

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